sábado, 27 de diciembre de 2014

SOBRE LAS VERDADES.

La primera mentira que asimilamos fue que podríamos aprender algo; la segunda que podríamos enseñarlo; la tercera, y quizás la más infame de todas,  fue que había algo que podría unirnos a los demás.  Aprendimos a llamarlo vínculo, afecto, amistad, familia, amor. Tantos nombres como dioses en la tierra; en todo caso, demasiados para una realidad inexistente.
Así fuimos por la vida tomando las tres grandes mentiras como nuestras verdades. Lo primero que notamos es que no podíamos enseñar.  Intentamos vanamente que nos entendieran sobre infinidad de temas. En el proceso,  nos enteramos que  ni siquiera éramos capaces de explicarles a los demás quiénes o qué éramos.
Encerrados  en nosotros mismos nos enteramos que no había nada que realmente  pudiera atarnos a alguien más.  Desmentimos una por una la familia, la amistad, el afecto y cualquier otro tipo de vínculo.
Nos consolábamos pensando que aún podíamos conocer, que nuestra vida no sería en vano en esta última posibilidad. Pero un diálogo interior nos reveló que no nos conocíamos, que no lográbamos comprender que queríamos. Incapaces de entendernos a nosotros mismos, dudamos de nuestra capacidad de entender algo. Comenzamos a cuestionar sí todo lo que creíamos saber no era más que un malentendido camuflado. No podríamos saberlo y desistimos de conocer algo.
Quedamos entonces encerrados en un monólogo interminable, en una aporía que no llevaba a ningún lado. Esperando, al menos, que la cuarta verdad que nos contaron: que algún día moriríamos,  realmente lo fuera.


martes, 11 de febrero de 2014

LAS POÉTICAS DEL OLVIDO

(Carta para alguien que abandonó una foto en mi casillero)


Hace un buen rato quería  volver a escribir algo que valiera la pena compartir. Lo había escrito y reescrito durante el último mes, era un ensayo sobre el olvido y el desierto. El texto venía acompañado con una foto del desierto de Sechura que dejé en el computador de una amiga.  La vida se ríe de mi nuevamente… ella lo olvidó por completo (espero recuperar esas fotos algún día).
Por otro lado el lunes descubrí que alguien había olvidado la foto que acompaña este texto junto con una pequeña misiva dentro de mi casillero. Los humanos tenemos la necesidad patológica de nombrarlo todo, normalmente ese alguien sería un sujeto X  [hablo en masculino como genérico,  el alguien podría tranquilamente ser una chica. Las feministas postmodernas se extravían del camino por quedarse mirando nimiedades y nimiedadas] Pero la X es una letra fea, suena a extranjero, la usan para prohibir y para votar, el alguien que olvida cosas en mi casillero no la merece, al menos no todavía.  Pensé en la N, la de los muertos sin nombre; pero espero que el alguien siga vivo. Luego pensé en la Ñ, una letra absurda, como mi vida. Como es posible que añadiéndole un par de líneas curvas la N pueda producir un sonido tan desagradable, pero imprescindible para palabras como niñez,  y ñoño… palabras que tal vez no me definan o pero que me agradan bastante.
Ñ leyó este artículo http://manchaextrana.wordpress.com/2012/04/21/19/ de mi antiguo  blog y tenía ganas de gritarme.
En mi texto original, el que iba a ubicar sobre la foto del desierto hablaba de la superación del miedo al olvido.  Incluso del placer estético  que produce sentir como los conceptos  (de personas y de cosas) se desvanecen poco a poco en nuestra cabeza. Aunque olvidar no es un acto pasivo del que solo somos observadores; todo el tiempo estamos no sólo olvidando sino también olvidándonos a nosotros mismos. Por más que intentamos recordarnos quienes somos… nunca lo logramos,  algo lógico teniendo en cuenta que nunca lo supimos.
De alguna manera me siento extraño al volver a leer ese texto que escribí la noche que cumplí 19 años. Nunca volveré a sentirme igual, nunca volveré a tener esa sumatoria de números, ni miraré a los amigos que habían dormido esa noche en mi cama. Dudo incluso haber conocido ese sentimiento, esos números y esos amigos.  Al mismo tiempo envidio y compadezco al adolescente que sintió lo suficiente como para escribir esas notas.
Ñ debería saber que ahora no tengo tres hermanos sino cuatro,  todos siguen siendo mejores que yo. La más pequeña sobre  todo tiene una superioridad especial.  Solo se dedica a sentir, no se desgasta pensando, no tiene esa obsesión de comprenderlo todo, como si fuera posible comprender algo… Yo que creo comprender, me preocupo pensando  en que un par de años su dicha habrá pasado, que pronto el mundo le hará creer que hay cosas por aprender.
Ya no consumo drogas tan a menudo. En parte me resigne a no ser capaz de huir de mí mismo, por más que le haga trampa a mi percepción.  En parte la logorrea que me causa los viajes psicotrópicos me deja agotado y debo descansar para poder aprovecharlos.  En parte cada vez estoy más” tirado en la chanda”.
Mi hermana  ahora vive conmigo, nos escribimos cada tanto para recordar la distancia.
Mi promedio bajo a 4,5. A Ñ le recomendaría que huya de la universidad mientras pueda… no hay nada que aprender. Además cuando menos piense le dará miedo compartir un texto al que no le ha hecho corrección de estilo.
También le podría decir que ahora tengo más de veinte años. Que hace mucho rato dejé de escribir en verso, que  he llenado media docena de libretas con un intento de prosa para no olvidarme… No lo he conseguido y ahora desconozco donde están la mitad de esas libretas.
Que abandoné el  blog que leyó porque me sentía avergonzado de lo escrito, pero no lo suficiente para borrarlo. Que ahora tengo otro para avergonzarme luego. Que después de leer a Camus he desistido del suicidio por absurdo, y que he descubierto que es posible vivir sin esperanzas.
Que en estos dos años intenté remplazar el rostro del “vos” un par de veces. Que por hacerlo terminé  olvidándolo a él y a ella;  incluso de Gómez Jattin.  El olvido romántico, ese remplazar un rostro por otro, es el más peligroso de todos, pero también el más poético. Ahora intento disfrutar mientras siento como las imágenes de esos rostros se van borrando… Al parecer dibuje muy fuerte sus fantasmas, porque toma más tiempo del que estaba acostumbrado a esperar.
Tal como podría decir que todo lo que he escrito es cierto; podría decir que conozco el sitio de la foto, que subí esos tres escalones muchas veces, que conozco el significado del símbolo encima de la puerta y que no me gustaba la hierba de los alrededores por qué  me alborotaba la rinitis… Podría decirlo sí, pero no sería capaz de convencerme de estar diciendo la verdad, comenzando porque no he podido convencerme de que exista algo parecido… Ya incluso comienzo a dudar de haber estado alguna vez en el desierto de Sechura con una amiga.
La memoria no es más que una puta que se hace pasar por una dama vistiendo fotografías, y escritos para ocultar su naturaleza, o mejor su falta de naturaleza porque detrás de sus ropajes nunca hay nada. La imaginación al menos es  sincera y nunca intenta ganarse nuestra confianza, pues sabe que no deberíamos confiar en nada.

A Ñ solo le podría dar recomendaciones absurdas  como que grite con confianza, que  se adelante y le escriba a su hermano que no va a lavar la loza, que se compré una billetera que es algo necesario (si uno va a botar los papeles, debe hacerlo bien, perdiéndolos todos juntos), que los países no tienen manos ( la gente sí y debería tener cuidado  pues con ellas pueden robarle, matarle o escribirle) y que con los cincuenta pesos le alcanza para una menta que por cierto me gustan mucho.

HASTA EL CIELO CAMBIA

Me molesta intensamente la idea de que todo esté cambiando, transformándose constantemente. Esa visión del "progreso" de todo llega realmente a desesperarme. Sueño con una utopía personal en la que por un instante todo permanezca en su sitio. La única manera en que la visión del cielo cristiano me tranquiliza es recreándolo como un lugar donde todo lo inamovible contempla eternamente el rostro de una estatua-dios también inamovible... Muy en el fondo me duele comprobar que el único cielo que podré alcanzar también cambia.
Nube sobre algún punto  del Caribe.
Nubes sobre algún punto del Caribe , a photo by Mancha Extraña on Flickr.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

III de Allen Ginsberg

Carl Solomon! I'm with you in Rockland
         where you're madder than I am
I'm with you in Rockland
      where you must feel strange
I'm with you in Rockland
         where you imitate the shade of my mother
I'm with you in Rockland
         where you've murdered your twelve secretarie
I'm with you in Rockland
         where you laugh at this invisible humour
I'm with you in Rockland
         where we are great writers on the same dreadful typewriter
I'm with you in Rockland
        where your condition has become serious and is reported on the radio
I'm with you in Rockland
         where the faculties of the skull no longer admit the worms of the senses
I'm with you in Rockland
         where you drink the tea of the breasts of the spinsters of Utica
I'm with you in Rockland
         where you pun on the bodies of your nurses the harpies of the Bronx
I'm with you in Rockland
         where you scream in a straightjacket that you're losing the game of actual pingpong of the abyss
I'm with you in Rockland
         where you bang on the catatonic piano the soul is innocent and immortal it should never die ungodly in an armed madhouse
I'm with you in Rockland
         where fifty more shocks will never return your soul to its body again from its pilgrimage to a cross in the void
I'm with you in Rockland
         where you accuse your doctors of insanity and plot the Hebrew socialist revolution against the fascist national Golgotha
I'm with you in Rockland
        where you will split the heavens of Long Island and resurrect your living human Jesus from the superhuman tomb
I'm with you in Rockland
         where there are twentyfive thousand mad comrades all together singing the final stanzas of the Internationale
I'm with you in Rockland
         where we hug and kiss the United States under our bedsheets the United States that coughs all night and won't let us sleep
I'm with you in Rockland
         where we wake up electrified out of the coma by our own souls' airplanes roaring over the roof they've come to drop angelic bombs the hospital illuminates itself   imaginary walls collapse   O skinny legions run outside   O starry-spangled shock of mercy the eternal war is here   O victory forget your underwear we're free
I'm with you in Rockland
         in my dreams you walk dripping from a sea-journey on the highway across America in tears to the door of my cottage in the Western night.

PD: Yo no estoy con nadie en ninguna parte

Número de pensamientos inconexos 3:

Sólo los lugares "sobreconocidos" son capaces de generarme nostalgia.

1,2,3 por los que ya no están.

Siento cómo si me hubiera tragado una sábana y no fuera capaz de respirar.

martes, 10 de diciembre de 2013

GRIS



Gris from Mancha Extraña on Vimeo.

“Para uno que creció en un pueblo la ciudad es como una boca grande que se abre en frente… Yo nunca voy a terminar de adaptarme” Me dijo  un amigo hace unos meses mientras esperábamos el B14 de Transmilenio. Él desconocía que yo también  había crecido de un pueblo. Es más; ni siquiera en un pueblo; la mayor parte de mi infancia y adolescencia transcurrieron en el campo, en una de las tantas fincas por las que ha pasado mi familia.

Escarbando ¿escalando? mi árbol genealógico, no encuentro un solo ancestro conocido que no estuviera ligado al campo. Doña Rosa y don Israel con su hacienda en Santa Bárbara, don Cristóbal y  doña Magdalena que llegaron de algún lado quemando el monte, para luego repartir la tierra conquistada por el fuego entre sus 15 hijos varones. Don Lorenzo y la plantación de maíz donde a los cinco años vio morir a su padre desangrado. La misma plantación donde espero a que su papá volviera por cinco años. La misma que seguramente veía cuando gritaba “¡Papá Aníbal!” antes de morir hace ocho años.
Doña Lilian mi abuela materna, que tuvo que evitar que don Neftalí, mi abuelo (Analfabeta, rico y vicioso) vendiera el pequeño terreno que quedaba de una gran hacienda. Don Gregorio que subió de la tierra caliente para conocer a mi abuela y  que con su liquidación compraría un terreno en una montaña alejada de todo.
Así es, antes de mi generación ningún miembro de mi familia ha dejado el campo. Mi abuelo lo intentó cuando los Salesianos se lo llevaron a la fuerza a estudiar electrónica en Bogotá junto con otro grupo de muchachos. Sin embargo mi abuelo dice que “La tierra llama”; una vez terminado sus estudios regresaría a Belmira para olvidar lo aprendido y  sembrar, el mayor placer que para él puede existir.
Mi papá también lo intentó en los setenta. La onda hippie había llegado tarde a Bel mira. El decidió que no quería trabajar para nadie y comenzó a caminar hacia el sur. Nadie con el que haya hablado sabe hasta donde llegó o que  hizo ese tiempo. Lo único que sé con certeza es que 10 años después volvería se establecería en una pequeña finca desde donde se divisaba el río Cauca, se casaría con mi mamá y nunca más pensaría si quiera en abandonar sus fincas.
Hace tres años ya que yo dejé El campo. Mi abuela me dice que debería devolverme, que el futuro está en la tierra junto a mi papá. Mi abuelo le dice que tenga paciencia que tarde o temprano la tierra me terminará llamando como hizo con él hace 50 años.

La verdad es que el llamado del que habla mi abuelo debe ser cada vez más débil, tres de sus hijos ahora viven en Medellín y una de sus 27 nietos ya nació rodeada por el ruido de los carros y se asusta cada vez que ve una vaca. Incluso mi papá que alguna vez escuchó el llamado, ha decidido que Sofía su última hija nazca en la ciudad. En parte teme a los comentarios de la gente que lo conoce, en parte siente que allá estará más segura. La verdad es que en un par de días yo volveré a Medellín a descansar de la rinitis que me causa el frío y a extrañar el olor a pino que tiene mi casa. También se irá mi bisabuela, que seguramente morirá alejada de su finca, pensando que frente a su edificio pasa “una camino real”. Los dos volveremos con la picazón en la nariz que causa el cambio de clima y el smog, Vamos a volver con esa sensación de haber perdido algo que sin importar lo que hagamos somos incapaces de recuperar.

sábado, 29 de junio de 2013

Clavos.

Clavos. by Mr Strangestain
Clavos., a photo by Mr Strangestain on Flickr.
Cuando era pequeño mi papá tenía tres caballos Coral, Candelaria y Moro, a Candelaria la recuerdo especialmente porque nació el mismo día que yo... o al menos eso me decía mi papá. Mi papá quería bastante a sus caballos, Candelaria murió el año pasado de cuenta de "una masa en el anca izquierda"... así llama mi papá al cáncer.
El caso es que don Arcángel, mi papá, no dejaba que los trabajadores herraran a sus caballos y lo hacía el mismo. Para él ellos eran muy bruscos y él no quería un caballo cojo. Con cuidado ponía la herradura y comenzaba a clavar los seis clavos que atravesaban el casco del caballo, que para mi sorpresa no se movía. Al final sobresalían unas pequeñas puntas que mi papá cortaba con unas tenazas.

Apenas terminaba yo que aún no entendía porqué a los caballos no les dolía que les enterraran clavos en sus patas, le pedía prestado el martillo, recogía las puntas que el había cortado y las clavaba donde pudiera: una tabla en el piso, un poste, una estaca, un día decidí clavarlas en la pared y me llevé un buen regaño... Hace poco en el museo en el que trabajo, me dieron muchos clavos para clavar en la pared.

Recordar no deja de parecerme algo extraño, pareciera que el niño de las puntillas y el hombre, o lo que quiera que sea, que estaba clavando los clavos en el museo fueran otros.

Nube/ Cloud

Nube/ Cloud by Mr Strangestain
Nube/ Cloud, a photo by Mr Strangestain on Flickr.
Hace un par de años me dí cuenta, que como en las caricaturas, tengo mi propia nube que me sigue a todas partes mientras hace llover sobre mi cabeza. Al principio era un poco triste saber que nunca iba a estar completamente seco, pero una forma "Byroniana" de ver el mundo haría que me sintiera feliz de tener mi propia nube. Ahora sé que esa nube no me hace tan especial... en este momento otros cien mil cerebros deben agradecer estar mojados por su propia nube.

lunes, 20 de mayo de 2013

Un domingo sin tristezas...

Autorretrato en salón// Selfportrait in a classroom by Mr Strangestain
Autorretrato en salón// Selfportrait in a classroom, a photo by Mr Strangestain on Flickr.

La nostalgia y la sensación de vacío después de una noche de excesos...Abrir los ojos, levantarse y saberse solo. Preguntarse el para qué de los estados de metaconsciencia, para qué las conversaciones con desconocidos, para qué los besos a gente que no se volverá a ver.
Dan ganas de que la noche anterior hubiera sido eterna y permanecer en una bacanal hasta el final de los tiempos. Porque sólo nos preguntamos por el sentido de nuestras acciones, cuando estas están concluidas.
La situación resulta bastante parecida a la de los amantes que se despiden después de hacer el amor, sin saber cuando será su reencuentro.

martes, 12 de febrero de 2013

Todo Bien.

A veces me da por dibujar...

La había estado buscando todo el día... también,  había fumado tanto que se sentía mareado. Ella estaba sentada en un sitio por el que  ya había pasado. Aún no sabe si no la vio o si ella se sentó después de que pasara para llamar su atención. Estaba con la hermana del otro, él que es mejor que él, al que si le era fiel.
La vio,  no supo que hacer…  abrió más los ojos, estiró la mano y empuño los dedos;  lentamente y temblando estiró el pulgar. Ella levantó la cabeza y con una mirada fría hizo el mismo movimiento. Los dos sabían que el gesto era falso que las cosas entre los dos no estaban bien.

domingo, 27 de enero de 2013

Lúbrico

Lúbrico by Mr Strangestain
Lúbrico, a photo by Mr Strangestain on Flickr.
No hablamos,
No escuchamos,
No entendemos,
Sólo besamos y mandamos todo a la mierda.

El Canto de la Sibila


Trailer el Canto de la Siblila from Mancha Extraña on Vimeo.

Alguna vez leí que el sentido de la realidad es cuestión de talento. Yo nunca lo he tenido.

Sinopsis: De la mano de la poeta Marga López recorremos su cotidianidad. Adentrándonos cada vez en su obra, hasta terminar sumergidos en el universo de su poesía.

martes, 8 de enero de 2013

Buscando un Porqué.


El Castillo (Franz Kafka)


Kafka, nos lleva al desasosiego junto a su protagonista. K. es contratado como  agrimensor por el castillo de una aldea recóndita. Sin embargo, desconoce en  qué consiste su función. Buscando una respuesta y después de enfrentarse a la agresividad de los aldeanos llega al mesón señorial. Lugar  en el que se hospedan los empleados del castillo. Allí conoce  a Frieda, la amante de uno de los servidores con la cual luego de intercambiar un par de frases terminará revolcándose sobre el piso de la taberna.
Después este fugaz encuentro los objetivos de K. cambian completamente. Poco le importa ahora conocer cuál es su función en el castillo, sólo busca ser feliz con Frieda  por lo que acepta trabajar como lebrel en la escuela de la aldea. 
Sin embargo, el idilio dura poco. Frieda lo abandona cinco días después.  Por lo que K. se dirige al castillo intentando encontrar una respuesta a su situación actual. Encontrando tantas explicaciones como interlocutores.  Lentamente,  se va revelando, como las intenciones de cada uno de los personajes, se interpone, se alía y se separa de la de los demás.  Cada uno tiene una idea diferente de los hilos que mueven la red que trajo a K. hasta la aldea y se ve a sí mismo como la víctima. Nunca se descubre realmente cuál de todos tiene la razón.
Esta obra inconclusa, hace parte de los manuscritos que un agonizante  Kafka pidió a Max Brod que quemara y que esté último decidió publicar. Si bien está decisión resulta éticamente controvertida, se debe agradecer a Brod  poder leer la obra casi noventa años después de la muerte de su autor.

Como casi toda la obra Kafkiana,  esta “sobreviviente” está impregnada de una atmósfera de opresión y extrañeza.  El protagonista se enfrenta a una situación nueva, pero desconoce el porqué de ese enfrentamiento. Tanto así, que más que solucionarlo busca encontrar una explicación a su situación durante todo el relato.
En el Castillo cada personaje es un universo independiente y parece escindido completamente del resto. Poniendo en duda la infalibilidad de la relación causa-efecto en todo momento. Destaca  la soledad de K. un extranjero en un pueblo, del cual desconoce su  funcionamiento. En realidad,  ni siquiera sus propios habitantes parecen conocerlo, sus vidas se basa en suposiciones.
El  universo planteado por Kafka sería reconstruido audiovisualmente por Michael Haneke en Das Schloß  (1997).(Cuyos fotogramas ilustran esta entrada)  Aunque sin mucho éxito en taquilla.
Seguramente se deben estar preguntando, el porqué del fracaso de la película.  Pero El Castillo nos muestra que el amor dura cinco días, y  que ninguna situación  tiene una explicación lógica satisfactoria, son infinitos los factores que hacen llegar hasta ella, así que es una tontería preguntar el porqué.

Haiku

Mariposas amarillas
esperan juntas
que el viento se lleve sus alas.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Garcilaso, la juventud perdida.

-¡Marica eso toca partirlo con cuchilla, si usted lo rasga con los dedos le quita el químico! Me dice Garcilaso[1] mientras saca una cuchilla Minora de su billetera y parte a la mitad el pequeño papel de LSD. En el fondo se escucha Sugar Kane  de Sonic Youth, Garcilaso me hace un gesto, al parecer no le gusta la canción.  Una mesera mira desconfiada; pero no dice nada, le preocupa que rayemos la mesa. Le entrego veinte mil pesos arrugados a Garcilaso, y nos ponemos la mitad del “papel” debajo de la lengua al mismo tiempo. Pedimos otra cerveza, mientras esperamos que la droga haga efecto.
A Garcilaso lo conocí hace dos años. Sin embargo, llevaba casi seis meses sin verlo. Una amiga de ese entonces me dijo que él vendía la “mercancía más barata”, porqué la traía directamente de Holanda, sin intermediarios. La primera vez que nos vimos, lo llamé y concretamos una cita en el aeropuerto. Conversamos cerca de media hora. A pesar de lo corta de la conversación y de lo introvertido que resulta Garcilaso con los desconocidos, pude enterarme que cursaba segundo semestre de filosofía. Ese día tenía la nariz un poco hinchada,  pues acaba de hacerse su tercer aro en el tabique. Me dijo que le dolía un poco pero que se estaba preparando para hacerse el cuarto. Intenté hablar un poco más con él, pero rápidamente me entrego el cartón de LSD y me dijo que tenía otras cosas por hacer. Lo vi un par de veces más,  pero siempre se mostró igual de reservado. Siempre andaba vestido de negro, con una gorra de corte militar y camisas con nombres de bandas de metal estampados.
Luego de tener veinte minutos el papel en la boca, las luces comienzan a agitarse al ritmo de la música y el suelo se mueve. Garcilaso pone la cabeza sobre las rodillas y mira fijamente  al piso. Salgo a tomar un poco de aire. Al volver a la mesa,  Garcilaso sigue en la misma posición. Al notar de nuevo mi presencia  levanta un poco la cabeza, me mira con sus ojos rojos y su cara brillante  y me dice que no se siente bien.
-¡Güevon, ese ácido está muy fuerte, y eso con perica y trago  no combina, me dice, esforzándose por hablar. Después vuelve a mirar fijamente al piso y repentinamente vomita. Las meseras nos miran fijamente, avergonzados decidimos salir del bar.
Después de unos meses me enteré que Garcilaso estaba saliendo con la amiga que me lo había recomendado. Un día nos encontramos los tres, luego de unos cuantos gramos de coca, Garcilaso dejo de ser el personaje callado que había sido hasta entonces para mí y me contó su vida.
Nació a finales de los ochentas en Liborina, un pueblo que “queda de Santa fe pa’llá”. Su madre a pesar de nunca haber leído un libro que no fuera la biblia o el catecismo, lo bautizo Garcilaso. A los cinco años, su padre quien trabajaba como raspachín  fue asesinado “por una plata”. Desde ese día Garcilaso cuenta que dejó de creer en Dios.
 En la adolescencia conoció el punk y las drogas. Sin embargo, siempre sobresalió en el colegio;  a pesar del rechazo y de ser tildado como el satánico del pueblo. El cura del municipio llegó a echarlo de la iglesia por entrar  drogado a la misa, según me contó, hablando excesivamente rápido por los efectos de la coca.
Al salir del colegio, todo pareció mejorar con una beca por haber obtenido el mejor puntaje en las pruebas ICFES. Quería estudiar filosofía. Un día salió de su casa nervioso para presentar el examen de admisión. Sin embargo al llegar a la Terminal del Norte lo esperaba una redada del ejército.
De su servicio militar prefirió no hablar. Sólo me contó  que cuando salió, después,  de dos años,  no tenía como volver a su casa. Uno de los amigos que hizo en el ejército lo recibió en su casa. Garcilaso, acepto forzosamente el ofrecimiento.
Durante dos meses intentó conseguir trabajo, sin ningún éxito. Fue entonces  que decidió comenzar con el “negocio”. Otro amigo había contactado a un dealer, un vendedor de drogas,  en Holanda el cual les enviaría el “paisaje” hasta Medellín. Ellos se encargarían de cortar el medio pliego de papel impregnado de LSD y vender  los pequeños trozos a los compradores.
Según contó, se trataba de un negocio seguro. “Uno no está voleteándose en un plaza como los jíbaros que venden perica y yerba.  La gente me llama al teléfono y yo les consigo el papel. La mayoría son gente bien, gente de la universidad, algunos muy tesos” me dijo.
Foto por  mi drogadicta favorita
El “negocio”, como lo llama él,  prosperó.  Garcilaso pudo abandonar la casa de su amigo y se mudó a un pequeño apartamento en Medellín, dónde adopto a un par de gatos callejeros y  comenzó a estudiar filosofía.
Sin embargo, la buena suerte le dudaría poco. A los seis meses el dealer en Holanda desapareció. Garcilaso se vio obligado a dejar la universidad y comenzar a trabajar en una empresa dedicada a la construcción cómo mecánico. “Eso es duro parce, hay días que toca trabajar hasta once horas diarias y todo eso por 500mil hijueputas pesos” me dijo alguna vez.
-Estos ácidos están muy  pesados güevon, me dice gangosamente. -Yo no debí haber olido, añade.
Hace apenas dos meses volvió con el “negocio”, consigue la droga a través de un intermediario en Ibagué por lo que sale un poco más cara.
-¡Marica! Hay que seguir comprando de estos Dalí,  están mucho mejores que los Alicia, traen como el doble de químico. Mire a mí como me tienen de llevado ya. Vámonos para la casa mejor, me dice rápidamente antes de volver a vomitar, esta vez sobre el pavimento húmedo.
-No, parce. Yo que me voy a ir tan temprano.
-Yo sí estoy muy mal, mejor  me voy ya, me dice, mientras me mira pálido con los ojos llorosos.
Lo acompaño a coger el taxi, anoto las placas y entro de nuevo al bar. Mientras espero que llegue bien al pequeño apartamento en el que vive con diez gatos como compañía.





[1] Nombre cambiado para proteger la privacidad de la fuente.

viernes, 26 de octubre de 2012

Los Tomates Podridos

Aunque traté de ignorarla todo ese tiempo, la sensación de tener la ropa pegada al cuerpo me impidió dormir. Desesperado encendí la bombilla, las cobijas cayeron de un solo tirón. Con esfuerzo contuve el grito que se me escapó al observar el líquido amarillento y viscoso que brotaba de las llagas en mi pierna. Por vergüenza o quizás por miedo no desperté a mi mamá, me encurrujé en una de las esquinas de la cama y esperé a que amaneciera. De vez en cuando tocaba mis piernas con la esperanza de que las heridas ya no estuvieran allí. Mi mamá se levantó a eso de las seis, al verme en esa extraña posición se acercó.-¿Bryan, le pasa algo?, dijoSin poder hablar, estiré mi pierna. Mi mamá retrocedió un paso y cubrió su boca con sus manos.Una hora después estábamos entrando al consultorio del doctor Pelayo.-Cuénteme ¿Qué le pasa?, preguntó con ese tono frío pero tranquilizante que sólo los médicos tienen.-Anoche me desperté y tenía unas heridas en la pierna, le dije.El doctor escudriñó casi todo mi cuerpo, insertó luces en mis  oídos y nariz, abrió mis párpados con sus manos y me ordenó quitarme la camisa para poder examinarme con el estetoscopio-Eso le pasa por comer tomates podridos, pero tranquilo, eso se cura dejándose de masturbar. 

El Diablo

En mi vida han pasado cosas extrañas, muy extrañas,  diría yo. Para comenzar, sólo tengo tres dientes en mi mandíbula inferior y se me caía la piel cuando era niño. Sin embargo, nada superará el asombro de esa tarde. La verdad, aún dudo si fue un recuerdo real  o uno de esas cosas que invento con frecuencia.
Estaba tarde, era muy pequeño para conocer el reloj, así que no sé qué horas eran exactamente. Hacía un sol bonito, de esos que daban ganas de tirarse en el patio y quemarse un rato. De hecho, eso tenía pensado hacer.
Iba caminando sin mucho afán por él corredor, no se tiene afán cuando se es un niño, cuando lo vi; allí en el patio, al lado del árbol de rosas,  estaba el diablo. Era un diablo extraño,  no tenía cola, ni patas de cabra. Parecía hecho de metal y se movía lenta y torpemente.
 Sin embargo, yo sabía que era el diablo; acaso oliera la maldad o el  azufre. Aunque a esa edad uno no sabe que es el azufre. Chirriaba cada tanto, eso lo hacía más aterrador. Yo me quedé viéndolo un rato acurrujado en la esquina que del corredor daba al patio esperando que no me viera. Mi prima Vanessa sin embargo saltaba lazo, al lado suyo con mucha confianza como si lo conociera hace rato, mientras se levantaba su vestido rojo mostrando los cuquitos blancos.
La cara del diablo era bastante parecida a la de un power ranger  aunque más malvada y con dos cuernos metálicos que sobresalían de su cabeza. A pesar de todo era un diablo bastante estúpido.
Aún me pregunto qué hacía un diablo robótico en una casa de campo en la que solo vivía un  niño que tiene tres dientes y dos heridas en los codos

Agua

Ahogarse, es una de las formas más extrañas de morir. El agua al igual que el aire contiene oxígeno, el combustible necesario para hacer posible esta búsqueda de sentido que llamamos vida. Sin embargo a causa de la “evolución” a nuestro organismo le resulta imposible separarlo del hidrógeno. Nuestros ancestros evolutivos no debieron de haber sido demasiado inteligentes, poseyendo el 75% de la superficie terrestre cubierta de mar, decidieron mudarse al 25% que quedaba seco, la naturaleza no es tan lógica como creemos.
Pocas sensaciones son tan incómodas como la del agua entrando por las fosas nasales. El reflejo nos obliga a buscar la superficie, para tomar aire. Logremos o no alcanzarla tomaremos una gran bocanada de aire ó de agua, si tomas aire seguro tomarás muchas más el resto de tu vida; si tomas agua sólo habrá unas cinco o siente inhalaciones más…
 -Una docena de árboles, una casa roja, un rebaño de vacas, un camión de leche, más árboles. Alejandro contempló la ventanilla del bus, en la que las escenas se esfumaban rápidamente. Una mujer con un niño en brazos acababa de subirse, dudó unos segundos antes de pararse para ofrecerle su asiento, pero entonces vio que un hombre sentado dos asientos adelante ya lo había hecho. El respaldo era demasiado alto, su mundo se reducía a la chica dormida a su lado y dos ancianas en los asientos del lado. De vez en cuando también alcanzaba a ver algunos rostros a través del espejo retrovisor.
-¿Entonces Margarita es hija de quién?
-Pues de Gonzalo el de la cuchilla.
-¿Del que mataron?
-No, ese fue Gustavo
-¡Ah!
-Bueno, yo me bajo acá, hablamos luego querida.
-¡Chao que estés bien!
Llevaba tanto tiempo escuchando la conversación entre las dos ancianas, que le parecía hacer parte de ella, en menos de media hora había aprendido la historia de los Pérez, una familia totalmente desconocida para él, la información no le era de ninguna utilidad,  pero por un momento había olvidado su aburrimiento. Después de despedirse de la mitad de los pasajeros y de saludar a algunos que no había visto, la anciana se bajó. El monótono sonido del motor volvió llenar el ambiente, Alejandro recostó su cabeza contra la ventanilla, iba a extrañar la conversación de la anciana… Un matorral, una virgen, un camino extraño, más árboles…
Cuando despertó la chica que estaba a su lado ya se había ido. En su lugar había un tipo gordo con las marcas de una noche de juerga en su rostro. Percibió un extraño olor, una mezcla de leche rancia con algún ingrediente desconocido., buscando la fuente se percató del charco de agua que venía de adelante y se movía con el movimiento del vehículo. Observó un rato como el hilo de agua alcanzaba su zapato, de nuevo dirigió su mirada hacia la ventanilla, pero ya no había ni árboles, ni casas, ni caminos. Sólo se observaban unas manchas verdes, azules y grises, el agua que bajaba por la ventanilla distorsionaba terriblemente la imagen. Juan acercó su mano al vidrio y se percató de lo extraño de la situación, el agua venía de adentro.

Gatos Que Lamen

Cada noche me lame un gato,
Siento su lengua rasposa recoger el maquillaje que queda sobre mi rostro,
Me lame, hasta hacer salir chorritos de pus de mis granos
Me lame, mientras lloro por vacas ahogadas
Mientras me lleno las narices de maíz y me tizno el rostro con carbón,
Mientras me masturbo contra un viejo colchón,
Queriendo escapar de un rosario fluorescente.­­­
Me lame, hasta que su rostro
¿O el mío?
Se pierde al otro lado del cristal.