martes, 8 de enero de 2013

Buscando un Porqué.


El Castillo (Franz Kafka)


Kafka, nos lleva al desasosiego junto a su protagonista. K. es contratado como  agrimensor por el castillo de una aldea recóndita. Sin embargo, desconoce en  qué consiste su función. Buscando una respuesta y después de enfrentarse a la agresividad de los aldeanos llega al mesón señorial. Lugar  en el que se hospedan los empleados del castillo. Allí conoce  a Frieda, la amante de uno de los servidores con la cual luego de intercambiar un par de frases terminará revolcándose sobre el piso de la taberna.
Después este fugaz encuentro los objetivos de K. cambian completamente. Poco le importa ahora conocer cuál es su función en el castillo, sólo busca ser feliz con Frieda  por lo que acepta trabajar como lebrel en la escuela de la aldea. 
Sin embargo, el idilio dura poco. Frieda lo abandona cinco días después.  Por lo que K. se dirige al castillo intentando encontrar una respuesta a su situación actual. Encontrando tantas explicaciones como interlocutores.  Lentamente,  se va revelando, como las intenciones de cada uno de los personajes, se interpone, se alía y se separa de la de los demás.  Cada uno tiene una idea diferente de los hilos que mueven la red que trajo a K. hasta la aldea y se ve a sí mismo como la víctima. Nunca se descubre realmente cuál de todos tiene la razón.
Esta obra inconclusa, hace parte de los manuscritos que un agonizante  Kafka pidió a Max Brod que quemara y que esté último decidió publicar. Si bien está decisión resulta éticamente controvertida, se debe agradecer a Brod  poder leer la obra casi noventa años después de la muerte de su autor.

Como casi toda la obra Kafkiana,  esta “sobreviviente” está impregnada de una atmósfera de opresión y extrañeza.  El protagonista se enfrenta a una situación nueva, pero desconoce el porqué de ese enfrentamiento. Tanto así, que más que solucionarlo busca encontrar una explicación a su situación durante todo el relato.
En el Castillo cada personaje es un universo independiente y parece escindido completamente del resto. Poniendo en duda la infalibilidad de la relación causa-efecto en todo momento. Destaca  la soledad de K. un extranjero en un pueblo, del cual desconoce su  funcionamiento. En realidad,  ni siquiera sus propios habitantes parecen conocerlo, sus vidas se basa en suposiciones.
El  universo planteado por Kafka sería reconstruido audiovisualmente por Michael Haneke en Das Schloß  (1997).(Cuyos fotogramas ilustran esta entrada)  Aunque sin mucho éxito en taquilla.
Seguramente se deben estar preguntando, el porqué del fracaso de la película.  Pero El Castillo nos muestra que el amor dura cinco días, y  que ninguna situación  tiene una explicación lógica satisfactoria, son infinitos los factores que hacen llegar hasta ella, así que es una tontería preguntar el porqué.

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